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A través de los límites y las normas los niños y niñas aprenden a relacionarse con sus iguales y a respetar las pautas de convivencia y de interacción social. Estas normas les proporcionan un marco necesario para su crecimiento equilibrado y feliz.

Cuando los niños conocen las normas se sienten más seguros en su entorno, porque pueden jugar y explorar teniendo información sobre las conductas que están y no están permitidas.

En ocasiones, los padres tenemos miedo a decir “no” y a poner límites a nuestros hijos, por el rechazo que nos producen los modelos educativos tradicionales basados en el autoritarismo. Sin embargo, las consecuencias de la permisividad total también pueden ser muy negativas.

Para educar de manera eficaz debemos establecer, desde el amor y el respeto, unas reglas que deben ser cumplidas.

A continuación os dejamos unas recomendaciones que pueden ser de utilidad a la hora de establecer límites y normas en la infancia:

  1. Límites claros

Aunque pueda parecernos evidente que significado tiene “sé bueno”, es posible que el niño no obedezca porque le resulta complicado entender qué es lo que engloba esta expresión. Siempre es recomendable ser más específico: “recoge los puzzles cuando termines de jugar”, “préstale un juguete a tu primo”.

  1. Ofrece alternativas

Para empezar a entrenar desde pequeños la toma de decisiones, vamos a dejar que el niño escoja entre dos opciones. De esta manera tendrá la sensación de que no es una tarea impuesta, sino algo elegido por él mismo y estará mucho más motivado en su cumplimiento. Por ejemplo: “¿hoy te pones el pantalón rojo o el azul?”.

  1. Da las ordenes de forma positiva

No resulta igual decir “no grites” que decir “habla bajito”. Vamos a intentar acostumbrarnos a dar las órdenes de esta forma, para no repetir constantemente lo malo, sino potenciar la conducta positiva.

  1. Explica el porqué

Para cumplir una norma, los niños necesitan saber el porqué. “Porque si” o “porque lo digo yo” no son respuestas válidas. Las explicaciones deben ser cortas y concisas: “No empujes a los niños. Les haces daño”. Cuando queremos que cumplan la norma en ese momento, no es recomendable excedernos en explicaciones largas o poco claras.

  1. Su conducta estuvo mal, él no es malo

Es muy importante que el niño entienda que su comportamiento no fue adecuado, pero que eso no lo convierte a él en “malo”. Expresiones como “ya no te quiero porque fuiste malo” no ayudan a modificar la conducta, sino que contribuyen a que forme un autoconcepto negativo de sí mismo.

  1. Controla tus emociones

No podemos dejar que la ira o el enfado nos controlen. Intenta calmarte, respirar y evitar los gritos. Sé firme, mantén el respeto y adquiere una actitud corporal relajada.

  1. No cedas

Comprendemos lo difícil que puede llegar a ser mantenerse firme ante las pataletas, llantos o agresiones. Ceder ante estos comportamientos no puede ser una opción, porque enseñaríamos a nuestros hijos que pueden trasgredir las normas cuando quieran utilizado el enfado o los gritos.

  1. No incumplas tus propias reglas

Si ya has marcado una norma, ha de cumplirse. No vale que se cumpla solo en ocasiones. Además, las reglas que ponemos a nuestros hijos deben ser también cumplidas por nosotros mismos (no olvides que eres su ejemplo). Si una de las normas es que en casa no se puede gritar, recuerda que esa norma es para ti también.

 

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